María Callas, la más grande soprano de mediados
del siglo XX se refugió en los brazos de Aristóteles Onassis sin advertir que
con ello iniciaba el ocaso de su carrera.
María vino al mundo en Nueva York en 1923 dentro de un hogar de inmigrantes griegos. Con la crisis del 30, su familia se trasladó a Grecia, un país bastante atrasado y demasiado clasista. Creció como una niña acomplejada y solitaria. Su mayor desencanto lo recibió de su propia madre que la subestimaba por considerarla poco agraciada y obesa.
La diva de la ópera recorrió los teatros más
importantes del mundo e inclusive llegó a cantar en el teatro Colón de Argentina.
Lamentablemente su potente voz contrastaba con
su personalidad frágil e indecisa que la convirtió en objeto de manipulación
primero de su madre y después de los hombres a los que se unió
sentimentalmente. Pero fue la pasión que
sintió por Onassis y su desplante al casarse con Jacky Kennedy la que convirtió
su vida en una más de las tragedias griegas que en tantos escenarios
representó.
“Muchas
veces me pregunto por qué no he tenido suerte en el amor” escribió poco antes de morir en la
soledad de su departamento de París.




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